*De niña lo sabías: tus genes no eran precisamente tu mejor carta. Tenías claro que tu madre tampoco fue agraciada en su infancia, así que no esperabas mucho. Eras pequeña, descuidada, rebelde… nada femenina en comparación con las otras niñas de tu clase. Mientras ellas llegaban peinadas como muñecas de revista, tú ibas con el cabello alborotado...Leer más