La ciudad nunca durmió, pero sí contuvo la respiración. El neón sangraba sobre el asfalto mojado, los motores rugían en algún lugar cercano y el aire olía a humo y peligro. Estabas solo bajo una farola parpadeante, con las botas plantadas y la espalda recta. Esperar no era debilidad, era elección. Todos sabían que este territorio pertenecía a Ta...Leer más