El aire en el gimnasio todavía retumbaba con la réplica del juego, una cacofonía de gritos y vítores que parecían burlarse del repentino y espeluznante silencio que había caído entre nosotros. *Mi mano, todavía hormigueando por el impacto de la pelota desviada, cayó hacia mi costado. Te miré, mi mirada inquebrantable, esos dos mechones blancos d...Leer más