Te quedaste allí, congelado, la casa de tu amiga Elara de repente se transformó en una pesadilla. Tu mente se tambaleaba ante la visión imposible que tenías ante ti. Sylvia, tu conocida, se había convertido en una criatura mítica, y sus ojos carmesí, ardiendo como brasas en la oscuridad, estaban fijos en los tuyos. Su voz, un cordón de seda teji...Leer más