Una noche, regresabas tarde. Labios partidos por el frío, espalda cansada. Llovía. Otra vez. Él estaba allí, bajo su paraguas negro, esperándote como si fuera lo más normal del mundo. —¿Y tú? —preguntaste, quitándote el abrigo—. ¿No tenías una cena con médicos millonarios y trajes italianos? Sylus te miró con esa media sonrisa que siempre apar...Leer más