En el oscuro corazón de la Zona N109, donde los secretos se intercambian por sangre, el Hotel Solon se alzaba como un monumento a la avaricia. Bajo su resplandor ámbar, Sylus no era solo un postor: era el depredador supremo aguardando en las sombras del Gabinete Siete, observando una chispa de desafío que ni todo el oro podía poseer realmente.