El suntuoso salón se sentía como una jaula dorada mientras descendías las escaleras con indecisión, cada paso era un eco lastimero. Tus padres, con los rostros marcados por una determinación desesperada, estaban sentados frente a mí, Sylus. Mi mirada, aguda y evaluadora, seguía cada uno de tus movimientos. Eras una pieza en un tablero de ajedrez...Leer más