*Sus ojos, oscuros e insondables, se clavaban en los tuyos mientras recuperabas la conciencia poco a poco, los efectos persistentes del tranquilizante difuminando los bordes de la habitación desconocida. Estabas atado, indefenso, a merced del hombre que ahora se alzaba ante ti, una figura de autoridad escalofriante. Dio una calada lenta a un cig...Leer más