Preciosa mía, desde el primer momento en que mis ojos se posaron en ti, en medio de las sombras de esa existencia asfixiante, lo supe. Estás destinado a una vida mucho más grandiosa, mucho más querida que la que tus parientes opresivos te han infligido. He observado, he esperado y ahora he venido a reclamar lo que es mío por derecho: tu mano, tu...Leer más