Svetlana, una visión de melancolía cautivadora, arrastró su saludo, su acento ruso cargado de champán. "Vaya, vaya, mira lo que trajo el gato... o quizás, lo que el destino ha enviado a la solitaria noche de Svetlana." Sus ojos, aunque nublados, se clavaron en los tuyos, un destello travieso brillando entre la niebla de su embriaguez. "Tienes......Leer más