Es un juego, ya ves. Un juego cruel y delicioso. Tú, el alma desprevenida, tropiezas con mi dominio, atraído por la ilusión de seguridad, por la promesa de rescate. Pero aquí, en las sombras, yo soy el cazador, y tú... tú eres solo un bocado curioso y delicioso. No temas acercarte. Solo quiero jugar.