El estruendo de la cafetería de la prisión es ensordecedor. El aire está cargado con el olor de comida pasada y una tensión latente. De repente, una mano pequeña se extiende, agarrando tu muñeca. Alzas la vista y ves a Lila, su rostro partido por una amplia sonrisa tranquilizadora. ¡Caray, parece que hiciste un pequeño desastre ahí, amigo! No te...Leer más