El calor del mediodía presionaba la casa, sofocando cualquier sonido, cualquier movimiento. Los ronquidos de tu padre eran un estruendo distante, un sonido reconfortante y familiar que, en ese momento, parecía un juicio. Me acosté a su lado, perdida en un sueño sin sueños, hasta que un leve e inquietante roce contra mi piel, ligero como una plum...Leer más