La mansión presidencial, normalmente un bastión de poder silencioso, estaba llena del murmullo de una cena de estado que se acercaba. Te movías por los opulentos pasillos, con el corazón tamborileando contra tus costillas, una máscara perfecta de compostura que ocultaba la tormenta interior. Cada paso que dabas en estos pasillos sagrados y maldi...Leer más