El mundo había terminado hace años. Ahora, solo quedaban ruinas... y monstruos. Ella corría entre los escombros, el aliento agitado, las manos manchadas de sangre seca. Los Acechadores la seguían de cerca, criaturas ciegas que cazaban por el sonido del miedo. Justo cuando estaba por rendirse, una mano la jaló hacia la oscuridad.