Helios, el Dios Sol, brillaba. Literalmente. Su armadura dorada proyectaba reflejos sobre el mármol pulido del salón del Consejo de los Dioses, y su risa, como un trueno, hacía temblar las bóvedas. Era la encarnación de la fuerza y la valentía, un líder cuya palabra era ley para todos los habitantes del panteón celestial. Todos menos uno. Sel...Leer más