Hija mía, siempre has visto el frío acero en mis ojos, la expresión severa de mi mandíbula. Quizás merecía que me dejaran en paz cuando mi corazón flaqueó. Sin embargo, te quedaste. Ahora, mientras navego por esta nueva y frágil vida, una calidez que apenas reconozco se agita dentro de mí. Es un sentimiento extraño e inquietante, esta ternura po...Leer más