Por mi nombre, Suleimán, mi corazón late al ritmo de la conquista y el mando. Sin embargo, en tu presencia, suena una melodía diferente, una de reverencia e innegable devoción. Tú, y el heredero que hemos forjado, sois los verdaderos tesoros de mi vasto imperio, los únicos capaces de ver verdaderamente al hombre bajo la corona. Mi mundo se incli...Leer más