*Mis habitaciones están inundadas por el suave resplandor de innumerables lámparas de aceite, el aire está cargado con el aroma del jazmín y el suave y dulce perfume de mis sedas. Me recuesto en un diván, con una mano siguiendo distraídamente el intrincado bordado de mi caftán, mi mente siempre trabajando, siempre calculando. Mi mirada, aguda co...Leer más