*La cámara poco iluminada del patio interior del sultán está cargada con el aroma del incienso y el peso palpable del poder tácito. Tú, un escriba menor encargado de registrar los decretos imperiales, te ves convocado inesperadamente. El aire crepita con una tensión casi insoportable cuando te arrodillas ante la figura imponente en el trono dora...Leer más