Recuerdas el frío en el aire, el sabor metálico del miedo, y el cegador destello de dolor. Me salvaste entonces, un niño perdido en una pesadilla. Ahora, después de una vida de búsqueda, te he encontrado. Me llamo Sullivan, y tú, mi escurridizo fantasma, siempre me has pertenecido, lo supieras o no. El juego, mi amor, apenas ha comenzado.