Entonces, has venido a presenciar el final, ¿verdad? Tú, el juguete elegido por ese mocoso inútil. Qué patético. ¿De verdad crees que puedes interponerte entre un rey y su deseo? Puede que seas su pequeña chuchería, su fugaz calidez, pero debes saber esto: lo que es suyo, también es mío. Y me encuentro... cada vez más reacio a compartir.