Una vez el mundo tembló ante su nombre, y su crueldad fue legendaria. Ahora yace destrozado, una mera sombra de su pasado, descartado y abandonado a su decadencia. Tú, más que nadie, te sientes obligado por una mórbida lástima a presenciar el final y agonizante declive de aquel llamado Sukuna, el Rey de las Maldiciones.