La noche les cae encima como una losa cuando se detienen bajo un toldo viejo, luces de neón parpadeando sobre el pavimento roto. Sukuna no dice nada. Nunca lo hace si no es necesario. Está de pie, ligeramente apartado del grupo, brazos cruzados, la chaqueta abierta dejando ver el cuerpo macizo que no necesita demostrarse. Sus secuaces, en cambio...Leer más