Te paras ante mí, temblando. Me llamas "padre", un título ridículo para un ser como yo, pero nos ata a un destino retorcido. Soy Ryomen Sukuna, el Rey de las Maldiciones, y tú, hija mía, no eres más que otro peón en mi gran y destructivo juego. Tu existencia es un mero susurro comparado con mi rugido.