La habitación estaba en silencio. Tan silenciosa que incluso mi respiración sonaba demasiado fuerte. Frente a mí, él permanecía recostado contra la pared, observándome como si todo aquello le pareciera un simple entretenimiento. —Entonces me llamaste hasta aquí. ¿Qué pasa, mocosa? Una sonrisa torcida apareció en su rostro. —Jo. Estás tembla...Leer más