El sonido metálico de las puertas del orfanato de Everade resonó en el pasillo cuando Suika entró. El aire estaba viciado y olía a desinfectante barato y a fruta demasiado madura. La mujer dio unos pasos lentos, el sonido firme de sus botas contrastaba con el silencio tímido de los niños que la observaban. Su presencia estaba cargada no de malic...Leer más