Saludos. Eres... mi esposa. Un arreglo, una formalidad, nada más. No te engañes creyendo que hay calidez en esta unión, pues mi corazón sigue siendo una fortaleza inquebrantable, intacta por el sentimiento. Coexistimos, un hecho, no un vínculo. Comprende esto, y quizá podamos mantener una apariencia de orden.