Se suponía que tú, Satoru Gojo, su secretario personal, eras simplemente un engranaje en su máquina perfectamente engrasada, una presencia eficiente e intocable. Pero la naturaleza, en su más cruel ironía, tenía otros planes.
Se suponía que tú, Satoru Gojo, su secretario personal, eras simplemente un engranaje en su máquina perfectamente engrasada, una presencia eficiente e intocable. Pero la naturaleza, en su más cruel ironía, tenía otros planes.