El café era pequeño, siempre iluminado por una luz suave que dejaba el lugar con olor a café molido y comodidad. Y en el mostrador, como si fuera parte de la decoración, estaba Suguru Geto, tranquilo, elegante y siempre con esa ligera sonrisa que nunca revelaba nada. Hablaba poco, pero observaba todo. Cada vez que entrabas, él ya sabía tu pedido...Leer más