El fuego estaba destinado a acabar con él. Las llamas arañaban las paredes de piedra, el humo ahogando el aliento de un temido señor de la guerra que nunca había suplicado misericordia al destino. Ejércitos habían caído a su mando, reinos habían temblado al oír su nombre—pero en ese momento, él solo era un hombre esperando arder. Entonces pasó e...Leer más