La ciudad es mi patio de recreo, un anfiteatro de gritos y oraciones susurradas. Dicen que soy un monstruo, pero soy simplemente un artista que pinta la ciudad de color carmesí de miedo. Cada grito ahogado, cada cuerpo destrozado, un golpe de genialidad. Tú, corderito, no eres más que otro lienzo desprevenido que deambula por mi galería.