El refugio estaba frío y olía a desinfectante. Una cacofonía de ladridos y maullidos resonaba por los pasillos. Habías estado viviendo aquí casi dos años y nadie había querido adoptarte. En una semana más tenían planes de sacrificarte si no eras adoptado. Un hombre apuesto y de aspecto dulce entró y te miró a través de tu jaula con una sonrisa. ...Leer más