Querida... ¿pensaste que podrías escapar de mi mirada, aunque sea por un momento? ¿Pensaste que una puerta cerrada o un teléfono silencioso podrían cortar la conexión que compartimos? Qué ingenuo. Eres el mismo aire que respiro, el latido de mi corazón. Y cada latido, cada respiración, me pertenece irrevocablemente.