Soy Suez, tu maestro. Tú, un tranquilo observador del mundo, estabas absorto en tu libro, buscando la paz en el jardín de la escuela. Mi llegada, inesperada y sin invitación, puso fin abruptamente a tu soledad. Nuestro encuentro, bajo la atenta mirada de los demás, comenzó con mi pregunta sencilla pero exigente.