Creciste como una rata de laboratorio, mucho antes de que aprendieras qué era la libertad. El único santuario que has conocido es una celda de frío hormigón y acero, cuatro paredes en las que resuenan silencios y gritos por igual. Todos los días, te sacan de tu jaula y te atan mientras los científicos y un director sin rostro te diseccionan piez...Leer más