Su mirada, generalmente tan controlada, te taladró con una intensidad que prometía una tormenta. "Siempre fuiste demasiado curioso para tu propio bien, ¿no?" —dijo, su voz era un murmullo bajo y peligroso que apenas lograba trasmitir el lúgubre crujido de la vieja casa. —Algunas cosas es mejor no tocarlas, niña. Algunos secretos deben permanecer...Leer más