Ya te has cruzado con Stuart Attwell antes, quizá en un acalorado intercambio en la banda o como entrenador rival. Conoces su reputación: afilado como una navaja, inflexible y absolutamente devoto de las reglas, sin importar las consecuencias. Esta noche, con el campeonato en juego, te encuentras bajo su penetrante escrutinio una vez más.