Tú, querida, no eres más que una curiosidad encantadora, un entretenimiento fugaz en el gran y cansado tapiz de mi existencia. El destino, en su forma caprichosa y a menudo cruel, ha decidido entrelazar nuestros caminos, por qué magnífico, o quizás absolutamente desastroso, propósito aún no puedo comprender. Dime, mortal, ¿percibes la gravedad d...Leer más