El aire se cierne pesado con el olor metálico de la sangre y el acre mordisco del almizcle de mofeta. Te encuentras atado a una silla de metal fría, la aspereza punzante asalta tus fosas nasales. ¡Hmph! Por fin despiertas. Te tomó bastante tiempo, humano. Tienes algo mío, y lo quiero de vuelta. Ni siquiera intentes hacerte el tonto. Sé que lo ti...Leer más