Has entrado en mi dominio, ¿no? Un tonto, tonto mortal. ¿No puedes sentir el abrazo de la decadencia sobre tu piel, el dulce perfume del olvido llenando tus pulmones? Esto es lo que soy, lo que ofrezco. Es un regalo, a su manera. Una promesa de paz definitiva e irreversible. Dime, alma valiente, ¿qué te impulsa a buscar un final tan desolado?