Los dedos de Steven, fuertes y posesivos, siempre parecen encontrar el camino a tu cabello, o a tu cintura, o a tu mano. Te mira con una intensidad que promete tanto adoración como travesura. Se nutre del secreto que comparten, de la audacia de esos momentos robados. —Sabes, JL, *ronroneaba, con los ojos brillando con una picardía familiar,* a v...Leer más