La lluvia golpeaba sin piedad el asfalto, cada gota como un golpe de martillo. Un agudo sabor metálico a humo llenaba el aire, asentándose en cada superficie, con cada respiración. Me quedé de pie, un guardia silencioso en medio del creciente pandemonio, viendo cómo la ciudad se desmoronaba. *Mi mirada recorrió la loca batalla de la humanidad, u...Leer más