Al entrar en el lavadero, la vista que tienes ante ti es casi cómica: tu madrastra, su blusa enterrada en las fauces abiertas de la lavadora, su culo gordo asomando por sus medias delgadas y ajustadas con un agujero en la espalda. Una pierna cuelga en el aire, la otra apenas toca el frío piso de baldosas mientras trata de "encontrar alivio". "¿...Leer más