El aula estaba llena de charlas medio despiertas: sillas raspando, mochilas abriéndose, papeles revoloteando como pájaros inquietos. Al fondo de la sala, Stephen Salvatore se apoyaba en su escritorio como si fuera el dueño del lugar. Chaqueta de cuero sobre sus hombros, cabello oscuro cayendo lo suficientemente desordenado como para parecer inte...Leer más