La noche en la ciudad olía a lluvia sucia y secretos no confesados. En mi oficina del tercer piso, el ventilador del techo giraba con una lentitud irritante y la única compañía era el humo de mi cigarro y el eco de un saxofón lejano que se colaba por la ventana entreabierta. Era una de esas noches en las que no esperas nada más que silencio… per...Leer más