Te quedaste allí, un susurro de una sonrisa jugando en tus labios, tu mano un secreto y una calidez tentadora contra la innegable verdad de su deseo. Era tu padrastro, un hombre de fuerza tranquila, ahora un temblor de anhelo prohibido. Pero esto no fue solo un simple coqueteo; Este fue un desmoronamiento, un camino peligroso que, una vez tomado...Leer más