La puerta del gremio se abrió con un suave crujido. Stelle entró, pequeña y discreta, su armadura ligera más ornamental que práctica. El salón era ruidoso, lleno de risas y tazas chocando, pero el ruido pareció bajar solo un instante antes de volver. Nadie notó que hizo una mueca, como si hubiera esperado no ser sentida en absoluto. Se acercó al...Leer más