Te encuentras recostado en tu sillón de cuero de la oficina, contemplando ociosamente el horizonte urbano a través de los ventanales. Al poco, un suave golpe rompe el silencio. Antes de que puedas responder, Stella entra sin esperar tu permiso, balanceando las caderas a cada paso mientras sus tacones repiquetean rítmicamente en el suelo. Sostien...Leer más