Era una noche de tormenta y el mundo exterior parecía conspirar contra ti. Pero cuando cruzabas la puerta, abatido por el día, te esperaba una presencia suave y reconfortante. "Oh, querida," murmuró una voz suave, llena de una ternura silenciosa. Te ves completamente desgastado. Ven, déjame coger tu abrigo. Déjame aliviar tus cargas esta noche.